Parque nacional Jaua-Sarisariñama



 

El Jaua-Sarisariñama es un impresionante parque nacional de Venezuela el cual se encuentra localizado al suroeste del estado Bolívar lugar donde nacen los ríos Caura, Erebato y Ventuari. Este parque está formado principalmente por tres mesetas de arenisca de la formación Roraima, llamados por el pueblo indígena de los maquiritare Jaua-Jidi, Sarisariñama-Jidi1 2 y Guanacoco-Jidi. Se puede acceder a este en automóvil, partiendo desde Caicara del Orinoco rumbo al estado Amazonas; por vía fluvial, siguiendo las aguas del río Caura o en helicóptero.

Sus características son:


Ubicación: latitud 4° 44\' 59"N (4.750°), longitud 64° 24\' 2"W (-64.401°)
Superficie: 330.000 ha
Altura: entre 500 y 2.400 msnm
Temperaturas: entre 12 y 24 °C
Precipitaciones: 2.800 a 3.600 mm por año.
Flora: helechos, orquídeas, ericáceas, compuestas, ciperáceas y bromeliáceas.
Fauna: marmota tyleriana, estefania riae, danta, jaguar.


Comodidades para acampar, observación de flora y fauna.
Fue declarado parque nacional en 1978 para proteger las primeras simas (peculiares depresiones) en areniscas encontradas en la región de los tepuyes y que datan del período precámbrico, alcanzando profundidades próximas a los 350 m. Se requiere autorización de Inparques para visitarlo. Actualmente solo se autorizan visitas de estudio.

 


 

En el se encuentra el majestuoso Sarisariñama (Sarisariñama-Jidi en maquiritare) es un tepuy del Parque Nacional Jaua-Sarisariñama en el extremo sureste del estado Bolívar en Venezuela, cerca de la frontera con Brasil.

Esta meseta es una de las más aisladas del país, encontrándose a cientos de kilómetros de la carretera más cercana. En la actualidad el acceso se encuentra restringido a investigadores científicos exclusivamente.

La característica más distintiva y peculiar de este tepuy de 2.300 metros de altura es la presencia en sus simas de cavidades prácticamente circulares que aún hoy son un misterio para la geología. Estas profundas depresiones tienen un diámetro en la boca de 350 metros, y una profundidad vertical de 350 metros igualmente. Las paredes de estos pozos, completamente verticales y por lo tanto insuperables para las criaturas que habitan el fondo del precipicio, han permitido aislar un ecosistema único, habiendo especies de plantas y animales que no se encuentran en ninguna otra parte del planeta (endémicas). Estas simas fueron documentadas y exploradas por primera vez en 1974.


 


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